lunes, 6 de mayo de 2013

Una Noche sin Luna

Dedicado a Patrick Rothfuss, mi ídolo:


Cap. I:Una Noche sin Luna


La luna acariciaba con sutileza los árboles y arbustos de un perdido bosque en un perdido mundo en una fría noche de invierno. Esa noche, los ciervos y los roedores no dormirían mucho. Pues en una choza, en el vado de un río,  unos gritos de dolor llegaban hasta el último rincón del bosque aquella tímida noche de invierno, unos susurros de ánimo acompañaban al dolor intenso de una mujer embarazada.
-¡Vamos empuja!- gritaba el Matasanos con la cabeza escondida en una manta.
Mientras tanto, un hombre de anchos hombros y escaso pelo de carbón escondía la cara en sus manos. Sus manos temblaban de nerviosismo. No todos los días se és padre en este mundo.
-Ya le veo la cabeza, tienes que ser fuerte Tysha, solo un poco más.- seguía animando el anciano, seguido de más gritos de dolor.
Fue entonces cuando el fornido hombre alzó la cara, llena de sudor para dirigirle la mirada al Matasanos. El anciano le mando una mirada y se levantó y avanzo hasta estar en paralelo a él para susurrarle al oído.
-Ven.-dijo bajando la mirada al suelo con gesto de dolor.
El viejo Matasanos lo guió al exterior.  Las estrellas se alzaban en el firmamento en una noche fría y sin luna. El Matasanos se dirigió al futuro padre con la cara rodeada de penumbra.
-¿Pasa algo Goren?-preguntó el hombre, con voz preocupada.
-Nada bueno, Tank.- respondió Goren sin alzar la cabeza.-Verás, el niño…¿Cómo decirlo? No sale, llevamos ya dos noches y ni se asoma el mínimo rastro de pelo.
-Pero tú has dicho que ya le veías la cabeza.-dijo seguidamente Tank
-Mentía obviamente, como decirle a una mujer que tras dos días no avanza lo más mínimo.-justificó Goren.- Ven, sentémonos.
Fueron a sentarse a la banqueta que había al lado de la puerta y Goren se meció levemente durante un segundo, buscando las palabras sin encontrarlas.
-He visto otros casos así. La única forma de sacar el bebé es abriendo el vientre a tu mujer. Pocas son las probabilidades de vida para ella, pero sí para tu hijo, pues si no lo sacamos pronto ambos morirán-formuló poco a poco el Matasanos
Los ojos del futuro padre se abrieron mostrando su sorpresa, intentando decir algo pero sin cazar las palabras, el fuerte hombre de anchos hombros se tornó débil como la más pequeña y enjuta de las palomillas del bosque aquella noche. Su mente entro en un vacío y le vino a la mente la imagen de la mujer de su vida, joven, con el olor a camino, la imagen cambió y se vio a el mismo arrodillado pidiéndole a un campesino la mano de su hija, entonces la imagen desapareció y solo pudo ver negro, el negro de la muerte, él negro de una noche sin luna. Después de unos pocos minutos, finalmente, su mente asimiló la situación.
-¿No hay otra opción?- preguntó con esperanza.
Goren Negó con la cabeza, sus ojos estaban cerrados y sus labios apenas dibujaban una fina línea.
Tank se levantó, miró al anciano,  miró al rió y dijo.
-Hazlo.- dijo mientras Goren se retiraba a la choza a matar a su mujer.
Entonces, solo, en una negra oscuridad. Cayó de rodillas y lloró, lloró la noche que albergaría vida, pero también muerte.